
No sabía por donde empezar. No quería escribir mensajes moralistas, ni decirle a nadie que hacer, ni lo que se debe sentir. Para mí son tiempos de reflexión, de balances, de sumar y restar.
Considero que es importante restar también, empezando por uno mismo. Empiezo por mi, mirándome al espejo y saberme entera, que me reconozco, que por más golpe, tropiezo, ajustón, metida de pata, errores voluntarios o involuntarios no perdí nada en el paso a paso en esta vida y a quienes me rodean que no trasgredí por complacer o ser políticamente correcta. Adoro mirarme y encontrarme, hacerlo me da placer, me siento orgullosa, fuerte, digna y decidida, transparente. Sobre todo saborearme la inocencia, no la infantil sino la cándida, la que cree y cree, la de que juega en la playa sin tiempos, que se adentra al bosque confiada sin los miedos adultos de otros, que se asombra, que quiere descubrirlo todo. No soy mejor, ni soy la peor.
Mirarse uno mismo es una experiencia honesta.
Restaré lo que me encontré en el camino y que no quise que me acompañara el resto de viaje; dejar el peso lastre, las mochilas de la desilusión, la mezquindad, los prejuicios, el orgullo mal entendido, la soberbia y la estrechez de corazón. Me falta tanto por aprender y aprehender de los demás y de mí.
Este año se sumaron al camino algunos, otros llegaron a su destino y algunos más continuaron como compañeros de ruta. Me hicieron la vida sonriente, con luz, con fuego. Me enternecí, quise ser rio nuevamente para llegar al mar.
Descubrí estos meses: 8 corazones que también latían y llamaban a la comunión, encontré pasión por la vida, corazones quebrados que estaban curándose, manos muchas manos, abrazos que dan vida, pies saltarines y seres humanos maravillosos con alas, que están dispuestos a volar, que no se limitan a un cielo sino que se saben que hay más cielos por descubrir. Ofrecí y me ofrecieron paletas de colores, bolsos para llenarlos de ilusión, mapas para encontrar tesoros, danzas, conjuros, embrujos, viajes a través de espejos, cordura, locura, frenesí, lluvia, rocío, amaneceres y atardeceres, canciones, chocolates, polvos mágicos que sanan todo tipo de heridas.
Yo deseo con deseo -no me refiero a lo carnal-
creo en buscar y volver a encontrar -el doble movimiento del amor-
soy de las que quiere todo: lo agridulce, la tristeza, el llanto, la alegría, los fracasos, los sueños, los ideales, la esperanza, la vida. Me siento bendita, les ofrezco bendiciones.
Gracias por estar, por ser.
Celebro la vida y saberme viva.
reina imposible
U2 & Mary J Blide - One